Los tratamientos difieren y se adaptan según las personas a las que vayan dirigidos. Existen diferencias en comportamientos, recursos cognitivos, percepción de la realidad, intereses, etc… entre adultos y menores, sino que también hay que tener en cuenta diferencias en cuanto a género, sexo, edad, trastorno y curso del mismo, además de diferencias culturales y étnicas.

La intervención con niños está mediatizada por algunos factores especialmente relevantes que la diferencia de la terapia en adultos: la influencia del desarrollo evolutivo, especificidad situacional de las conductas de esta etapa, determinación ambiental, la dependencia de los adultos (que hace que sean especialmente vulnerables respecto a variables familiares y sociales ajenas a su control), escasa autonomía de los niños para identificar síntomas, problemas, experiencia de estrés, etc… que también dificulta que ellos mismos tomen la iniciativa y soliciten ayuda psicológica (mayoritariamente vienen a consulta por decisión de sus progenitores).

Los niños se encuentran en proceso continuo de cambio y evolución. Los cambios que se producen a lo largo del proceso evolutivo afectan al funcionamiento físico, cognitivo, conductual, emocional y social de las personas.

Es importante señalar que también hay diferencias interindividuales entre los propios niños de similar nivel evolutivo. Así, algunas conductas que son esperables en determinados momentos del desarrollo, resultan atípicas en otros.

Es sabido que las conductas de los menores suelen variar según la situación específica en la que se encuentran, de manera que, éstos se comportan de forma distinta ante diferentes personas y en diferentes situaciones.

Por ejemplo, algunos padres y madres muestran sorpresa y confusión cuando el profesor de su hijo describe comportamientos problemáticos, mientras que en casa el niño muestra una conducta sujeta a normas.

Además, hay que tener en cuenta la influencia y/o participación de distintas personas en los tratamientos, y en ocasiones, la escasa concordancia entre los informantes adultos y el propio niño o adolescente, siendo los primeros necesarios en la mayoría de las ocasiones.

Aunque no estemos hablando de una terapia para un problema concreto, se pueden mencionar una serie de actividades que desde MH Psicología, se consideran básicas en toda intervención:

  • Educar a los niños y a sus padres/profesores acerca de la naturaleza del trastorno objeto de la intervención.
  • Entrenar en habilidades de afrontamiento adecuadas.
  • Estimular y facilitar la modificación de pensamientos negativos y creencias erróneas.
  • Aprender a utilizar correctamente sistemas de recompensa/refuerzo para motivar el cambio de comportamiento deseado.
  • Implicar a la familia en la intervención.
  • Implicar al colegio o instituto en la solución del problema, especialmente cuando se trata de una fobia escolar.
  • Coordinar la intervención con otros profesionales que estén tratando al niño o adolescente, y particularmente con los profesionales de la medicina si el paciente está tomando fármacos.
  • Derivar a los padres a tratamiento si padecen un trastorno que esté interfiriendo en la recuperación de la salud o bienestar del niño o adolescente.

Los problemas tratados en terapia infantil y adolescente son:

  • Trastornos de la comunicación y del desarrollo.
  • Trastornos por déficit de atención, hiperactividad y comportamiento perturbador.
  • Trastornos de alimentación.
  • Dificultades en el control de esfínteres: Enuresis y encopresis.
  • Problemas de ansiedad: fobias y miedos, ansiedad por separación,…
  • Mutismo selectivo.
  • Problemas de relación padres e hijos, violencia, maltrato, relaciones con hermanos,…
  • Problemas de motivación: estudios, trabajo (adolescentes ni-nis).
  • Consumo de sustancias y otras adicciones.

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